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JOSEFA SEGOVIA, Formadora siempre: Parte I

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JOSEFA SEGOVIA, Formadora siempre: Parte I

En un reciente artículo del filósofo y pedagogo José Antonio Marina1, publicado en prensa hace pocos días, el escribía que cualquier sistema educativo en la actualidad “para sobrevivir, debe aprender al menos a la misma velocidad con la que cambia su entorno”. Y nuestro entorno lo hace a una velocidad de vértigo. Vivimos en la sociedad del aprendizaje, en la que todos y todas -personas, instituciones y la sociedad toda- vamos a tener que aprender continuamente. 

Además, es significativo que el último libro de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, se titule La creación de la sociedad del aprendizaje, y dedique sus primeros capítulos a hablar de pedagogía. También es significativo que el término empleabilidad comience a ser sustituido por el de learnability, o la capacidad de aprender. Las empresas necesitan, cada vez más, gente capaz de aprender continuamente.  

En este escenario, estamos ya asistiendo a una carrera entre grandes empresas e instituciones para hacerse con lo que ya se vislumbra como la más valiosa inversión del presente y el futuro: la formación. 

María Josefa Segovia (1891-1957), ya atisbó hace décadas ese papel insustituible de la formación por ser una de esas mujeres que, inmersas en su tiempo y proyectadas hacia el nuestro, llegaron a hacer historia. "Los destinos de la mujer culta y su influencia en la sociedad moderna son ahora mismo algo tan grande como impreciso", escribió Pedro Poveda en 1931. En su escuela, con creatividad y audacia María Josefa fue haciendo concreto un modo de ser y de actuar, inédito en su tiempo. 

La dimensión educadora, es algo connatural a ella, forma parte de su ser. Con una extraordinaria capacidad de comunicación, todo en ella, su mirada, sus gestos, sus palabras, su modo de actuar, en suma, transmitían sentido, despertaban nuevas energías, formaban. 

Era mujer de lo concreto, de lo cercano y, al mismo tiempo, sobresalía en la calidad de sus relaciones, con la capacidad singular de hacer sentir a cada persona, y a cada pueblo y cultura, la dignidad más profunda otorgada por Dios. Con esta fuerza, pedía también la coherencia de vida, la formación sólida, la responsabilidad social, la fe formada y vivida. Siempre «levantaba» e invitaba a «levantar», partiendo de una mirada profunda y positiva a las personas y las situaciones, y acompañaba en el camino. 

Así actuaba con su familia, con las estudiantes universitarias de Madrid, con las maestras de las Escuelas rurales de las que era inspectora, con los miembros de la Institución… También con muchos sacerdotes con los que tuvo intensa comunicación. Por ello, su personalidad atraía y dejaba huella profunda. Una huella que siempre orientaba. 

Recuerdo mis años de inspectora y miro con ilusión aquellas escuelas que llamaba “mías”: una, dos, ciento, ciento cuarenta (…)Entonces, con menos años, me parecían muchas…2 

Josefa Segovia, tenía, a pesar de su salud precaria, un optimismo contagioso, que invitaba a la confianza, una mirada certera que le conducía a la médula de los asuntos, un sano realismo, una espiritualidad recia y atrayente a la vez, una sabiduría que le empujaba constantemente hacia la búsqueda de la verdad como fuente de libertad interior y como espacio obligado a toda relación formadora. Cuidadosa y firme en sus decisiones exigía rapidez y esfuerzo en la ejecución de lo acordado. Ante las dificultades solía decir: “es preciso, como sea, empezar”. De su fisonomía espiritual, el mismo Poveda le escribe en 1922: 

Todas las virtudes en ti tienen la modalidad teresiana. Declaro, pues, que en ti está encarnado el espíritu de la Institución Teresiana, y hago esta manifestación, porque sé, en conciencia, que en nada te perjudica y que hago justicia. 

La carta no es sólo una alabanza, sino un programa y camino de santidad para todos los miembros que acojan este carisma.

 

 

 

Fotos de Josefa Segovia: AHIT

_______________________________________

1 José Antonio Marina es filósofo y pedagogo, autor de Despertad al diplodocus (Ariel) y Objetivo: generar talento (Conecta). 

2 Salamanca, 1 de mayo de 1937. Spes Nostra, pág. 507. Publicaciones de la Institución Teresiana 1963.

 

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